martes, 31 de diciembre de 2013

Felicidades

Las calles están de fiesta, se escucha el crepitar del fuego desatado de la fe, la música estremece los cuerpos y entre abrazos y buenas intenciones todos aspiran que al dia siguiente el mundo amanezca lleno de paz y armonía, el espíritu moldeado por siglos se vuelve tangible haciendo que hasta los mas escépticos bailen al son de un nacimiento y de las doce campanadas, suele recomendarse ofrecer felices fiestas, sonreír y disfrutar, si, con mis mejores intenciones para todos

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La hallaca majadera








       Aquella noche navideña, la mesa estaba puesta, en una gran bandeja las hallacas ya calientes, apiñadas esperaban la hora de la fiesta.
      A lo lejos se oían las gaitas marcando la pauta para la cena, entre la alegría y el alboroto una hallaca majadera se abrió paso para colocarse de primera, era esta tan perfecta que destacaba como una gema, ¿Quién la habrá envuelto?, ¿Quién la lazó? De la abuela era el secreto, que después de hacer el guiso, para atar una hallaca aún le quedó tiempo.
      La hallaca no conforme con su nueva posición se deslizó hasta llegar al centro del lugar, ahora ya se sentía satisfecha, pero los demás alimentos protestaron y su regreso a la bandeja trataron.
     -Yo soy reina, soy la tradición, mi ropaje es africano, europeo mi corazón y mi tierna masa del mejor jojoto de la nación.
      El churro enfurecido le contestó:
     -No te recalientes, que hallaca tiesa rompe dientes, yo vengo de Europa, pero no hay nada mas criollo que el chocolate con que se me moja y no por eso salto al centro del mantel para poner la torta.
      Los pequeños dulces empezaron a saltar en su plato, cayéndole encima al de leche que ya lo tenían plano, los de coco rodaron entre los vasos, todos ellos acaramelados dejaron azúcar por todos lados.
      El pan de jamón buscando la concordia, terminó formando parte de la discordia.
      El chocolate ya cansado resopló en su jarra salpicando al jamón planchado que del susto perdió de piña un bocado.
      Cuando llegaron los comensales la mesa hizo silencio, todos se sorprendieron  al encontrar a los dulcitos brincando como unos sapitos, se sentaron y comieron a rebosar entre risas y canciones poco a poco con la comida lograron terminar.
      Sorpresa, sorpresa, nadie toco la hallaca pretenciosa, pues todos pensaron que era un adorno u otra cosa.
      El día empezó a despuntar y un parrandero aún despierto trinchó a la hallaca y al sentirla tierna, sin mucho miramiento en dos bocados no dejó ni el recuerdo.
      Este cuento no tiene moraleja, la tradición la hacemos las personas, siempre en nuestra mesa está el primo bullero, la tía entrometida, los niños juguetones o el vecino goloso, todos juntos hacemos de la cena una gran experiencia, felicidades a todos, que siempre tengan con quien compartir en ese día especial.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

España

Amanecer en el aeropuerto

Torre solitaria

Colores fríos para un mar cálido

El arte y el mar

Espacios del pasado

La niebla y el sol

¿Va o viene el viento?

¿Una prisión?, en realidad un horno de piedra

Escalera al ayer

En el centro del corazón

Puente a la historia

Los santos no están en silencio


Emblemático

Modernismo


domingo, 21 de octubre de 2012

Holanda, una incógnita.


Amanecer desolado

Bruma en la ciudad

Movimiento quieto
Casita de muñecas

Cuentos infantiles

Monumento borroso

Sin comentarios

No conseguí al quijote

Me mantengo dentro del cuento
El espectro del adios


lunes, 15 de octubre de 2012

Reencuentro




      Había conocido a su esposo cuando estaba buscando vivienda, él tenía una compañía de bienes raíces dedicada al turismo; el desdén que ella mostraba conquistó al hombre, cada vez que la veía quedaba embelesado, pensaba en ella como un cazador detrás de su presa, puso a sus pies una trampa que la enredó en sus brazos, ya atrapada no la dejó escapar.
      A pesar de que el día era lluvioso, decidió visitar la ciudad de Pompeya; ahora, perdida en el laberinto de piedras, ya no le parecía tan buena idea, apenas veía pasar algunas personas que como ella estaban desorientadas y buscando refugio  del agua, en una de las casas encontró unos frescos que parecían hechos recientemente, entrar en esos espacios la trasladaba de época, casi sentía las cenizas de sus habitantes, recorriendo las otrora bulliciosas calles, la imagen que presenciaba era explicita en su contenido sexual, se quedo mirándola, como si con ello tuviese la oportunidad de ser invitada a la acción.
      El caballero que llegó detrás de ella, la miró con sorpresa, a su pesar, ver a una mujer recorriendo los labios con la punta de su legua mientras sus ojos estaban fijos en una pintura erótica, lo hizo sentirse en desventaja; ella se volteó, lo escudriñó con la mirada, y con una sonrisa burlona le dio su aprobación, se acercó a él, no le hablaba pero lo invitaba a seguirla, ella desprendía un aroma dulce, y mientras se movía, las ondas de su cabello jugaban en sus hombros.
      Llegó a uno de los extremos de la ciudad, en él había un mirador desde el que se podía observar a lo lejos el mar, no era llamativo entre las ruinas, pero al alcanzarlo se disfrutaba de la postal perfecta, se desnudó ante él, no permitió que la tocara, ella se acariciaba, con sus dedos rozaba su vientre buscando sus pechos, alcanzaba la boca los humedecía…luego gemía; cuando terminó se vistió, dejando a un hombre acorralado en la ironía de haber presenciado su fantasía sin poder participar de ella.
      Nuevamente parte de ella se hacía presente, casi siempre era tan fugaz que no podía controlar el momento, pero cuando lograba contenerlo se dejaba llevar, no buscaba una aventura, le era indistinto a quien llevaba al ruedo, lo que quería era el descontrol de sus sentidos.
      Cuando regresó a su casa estaba vibrante, los rincones antiguos revitalizaban su imaginación onírica y durante unos días vestía su vida con esas sensaciones.
      Parte del año lo pasaba en Roma, para ella la ciudad emulaba el túnel del tiempo, le gustaba llegar al Coliseo y caminar tropezando con la evolución del paganismo al cristianismo hasta la Fuente di Trevi, hacer el ritual turístico de la moneda y continuar hasta la Plaza España, donde edificaciones protagonistas de la historia contenían las tendencias modernas con la firma de los diseñadores famosos.
      El reflejo de la vitrina le devolvió una visión de si misma ajena, sus formas no la expresaban, solo estaban presentes, siguió caminando y buscando su cuerpo en el vidrio, le gustaba mirarse y entregarse a su propio culto.
      Después de tomar un café, decidió romper con la monotonía, el mundo era un espacio lleno de realidades posibles, y ella se reencontró con la prisionera de su ego, sabía que a donde fuera siempre se llevaría a si misma, y al correr dejaba atrás lugares, pero arrastraba consigo su esencia, y si, lo que era estaba presente, la torturaba, solo tenía que volver a decidir, otro mapa, pero no otra persona.

jueves, 4 de octubre de 2012

La pieza






      La pieza la atrajo, la compró sin pensarlo, el vendedor al verla tan interesada le contó que pertenecía a un cementerio indígena y que debido a que estaba rota no había encontrado mercado entre los coleccionistas, le garantizaba que era auténtica.
      Tenía el tamaño de su mano, era una cabeza con parte del pecho, la cara tenía expresión de terror, pero no podía determinar si trataba de transmitirlo o si en realidad lo percibía, la boca estaba abierta casi en un rectángulo y destacaban los cuatro colmillos en relieve, los labios le daban dramatismo al gesto y la nariz quedaba arrugada por la mueca, la oreja derecha tenía varias perforaciones, de la izquierda solo quedaba una mancha en la superficie, finalmente el cráneo era anormalmente ancho y en forma de óvalo acostado.
      Se preguntaba que representaba, si era original seguramente formaba parte del rito funerario, de no serlo, no entendía por que disfrazarla, pues era de un logro artístico excelente y poco común.
      Colocó la pieza sobre su mesa de noche, mientras la contemplaba se quedó dormida.
      Caminaba por una vía empedrada, los colores brillantes y vistosos la cegaban, ella misma tenía su cuerpo pintado de rojo y azul, los sonidos los percibía como la mezcla de música y lamentos, seguía el cortejo internándose en la selva, al llegar depositaron el cuerpo aún con vida sobre una gran losa, entre cánticos y bailes el chamán abrió el pecho del hombre y le arrancó el corazón, de aquel cuerpo brotó una fuente de sangre mientras el vital órgano latía fuera de él.
      Cuando se despertó, se sintió horrorizada por el sueño tan vívido que experimentó, se fue a lavar la cara y observó que tenía rastros de pintura roja, no se había retirado el maquillaje por la noche, seguro se le corrió por el rostro.
      La empresa de informática para la que trabajaba le ofreció la oportunidad de realizar un proyecto en Ecuador, la idea le pareció excelente, tanto el pago como el añadido de visitar otro país, hacían atractivo el contrato.
      Una vez en el lugar, se apuntó a todo tipo de excursiones turísticas para los fines de semana. Cada vez que visitaba unas ruinas prehispánicas, le daba la sensación de que unas voces salidas de la entraña de la tierra la llamaban.
      Al finalizar su trabajo, decidió ir a un emplazamiento mas lejano, para conocer la cultura Tolita, Había leído sobre ella y vio imágenes de algunas piezas, recordó la cabeza que había comprado y reconoció la boca y la expresión.
      Se separó del grupo y se deslizó por un sendero hacia el sitio que había soñado, mientras se adentraba en sus recuerdos, se trasladó al pasado, estaba siendo llevada a su última morada, a su lado colocaban varias estatuillas, entre ellas la representación de un jaguar igual al que tenía en su casa.
      De regreso, en su hogar, creía que algo de ella había quedado atrás, el manto de la noche le presagiaba un vacío en su futuro, recogió el periódico y cuando se dispuso a leerlo una noticia le llamó la atención, verificó la fecha y se dio cuenta que tenía un mes de retraso, el incidente hablaba de un muerto y un herido, el dolor le atravesó todo el cuerpo.
      Al salir de la tienda donde había comprado la pieza, un vehículo que derrapó la atropelló, la sacudida rompió varios de sus huesos y golpeó fuertemente su cabeza, los paramédicos le dieron los primeros auxilios antes de trasladarla al hospital, en la ambulancia se asía a la estatuilla, la tenía sujeta con tal fuerza que no pudieron retirársela, sus signos vitales se iban debilitando poco a poco, se aferraba a su vida cotidiana negando su estado real, vivía fuera de su cuerpo, no sabía si era el principio de una nueva experiencia o el final del recorrido.
      Trató de abrir los ojos y vio una habitación nívea y demasiado iluminada, movió su cabeza a un costado y su mirada se tropezó con la pieza dentro de una bolsa transparente, la acompañaba en su agonía, casi en trance se dirigió a ella buscando respuestas
    -¿Quién eres?
      La contestación gutural emanó de la estatuilla como una invitación:
    -Deja de luchar, yo te acompañaré el resto del viaje que ya emprendiste, soy el espíritu de tus ancestros, es hora de descansar…
      El cuerpo ponía resistencia, luchaba por sobrevivir, en el espacio de su aquí, se abrían ventanas de existencias pasadas con posibles futuros, todo era cuestión de tiempo, sin que el arriba o abajo creara la diferencia, ¿Podría lograrlo? Y en todo caso, ¿Qué era lo que quería lograr?
     

martes, 2 de octubre de 2012

La sangre y la flor




      Las ramas golpeaban su piel dejándola en carne viva y con aroma a miedo, de la boca de su aya salía el fuego purificador y la pluma de gavilán con su nombre en tinta de sangre, escribía el mapa de su vida, los salmos en lengua vetada recorrían el recinto buscando los oídos de los dioses disfrazados de santos. A media noche una gran hoguera quemaba los malos espíritus, mientras en una esquina desnuda e hipnotizada ella rezaba en silencio y en la otra la mujer demudaba su rostro a medida que en las llamas veía el pasado y el futuro de su protegida.
      Cuando el ritual terminó, con apenas una bata blanca siguió las instrucciones que le había dado la anciana.
    _Irás por la vereda hasta el río, cuando llegues entrarás en el agua y te sumergirás en su vientre, al salir renacerás, se habrá lavado tu pecado, de ahí te dirigirás a tu casa y luego te marcharás lejos, donde el viento deje de soplar… recuerda nunca voltear o la selva te cobrará el precio…
      Descendía lentamente y al abrir los ojos cientos de luces deformadas se reflejaban en su cuerpo mojado, las esferas de vidrio contenían agua, aceite y la mecha que las mantenía iluminadas, estaban en todas partes, entre las piedras, sostenidas con una maya colgando de las ramas de los árboles, en pequeñas balsas ancladas en el río, eran las burbujas del tiempo, traían claridad al turbio pensamiento, todo iba quedando atrás a medida que sus pasos avanzaban hacia su destino y como en un libro de cuentos al cerrar la tapa quedaba en el aire la historia vivida sin saber si era cierta o solo inventada, antes de abandonar totalmente su pasado tomó una flor del jardín y la apresó entre las hojas de sus recuerdos.
      Al cabo del tiempo y ya haciendo camino, estaba sentada observando su lienzo, había quedado en blanco y no tenía inspiración, salió de su pequeño apartamento y recorrió el parque cercano, le gustaban las flores, las recogía y las llevaba a su casa, allí elegía una y con un pincel fino lleno de pintura roja le dibujaba símbolos esotéricos en los pétalos, mas tarde la guardaba en un libro.
      Se había hecho famosa, de su interior emanaba una fuente de emociones que imprimía en sus cuadros, saturándolos de colores fuertes que oscurecían el día o iluminaban la noche.
      Cuando contestó el teléfono ya sabía que algo había pasado, todo el día la brisa la había seguido, y ella escapaba al viento, solo tragedias le murmuraba en la piel… su aya había muerto.
      Tan venerable como la selva, esa era la mejor descripción de la anciana que yacía dentro de la urna, de un solo árbol tallaron la canoa donde haría su último viaje, le agregaron una tapa de vidrio y en vez de con un lienzo la vistieron con la fruta de su tierra, entre sus manos secas y ajadas la pluma de gavilán aún exudaba encantamientos.
      No pensó que regresaría, el tiempo había enterrado su renacimiento y las burbujas de luz le habían abierto las puertas de un nuevo comienzo, pero ahí estaba, se despedía de su protectora, ahora debía seguir sola, mientras sepultaban el cuerpo cantaba los conjuros que permitirían al espíritu trasladarse a la madre tierra y poder ser nuevamente parido a la vida con una nueva forma.
      Al regresar a la ciudad operó en ella un cambio anímico, el asidero al que se aferraba se había desmoronado y las voces del pasado regresaban violentamente, su pecado salía de la tumba y la perseguía.
      Días mas tarde terminó un cuadro donde pretendió depositar sus temores para librarse de los fantasmas, en la ducha dejaba el dolor que aún corría por las heridas de su cuerpo, y en el piso las flores con las que formó una alfombra para arrodillarse mientras se flagelaba quedaban manchadas con su sangre.
      Sin embargo su vida continuaba y despertaba al deseo dormido, ahora el viento era su aliado, en un frenesí de emociones perdía el control llenándose de placer al escuchar sus instintos.
      Dos años transcurrieron, los periódicos se hacían eco de la noticia, la gente no daba crédito a lo que leía, en lo profundo de la gran artista vivía una asesina en serie, había sido capturada después de un largo período de investigación, su abogado exigía que la examinara un psicólogo, ella padecía de esquizofrenia, la había desarrollado en su adolescencia siendo su primera víctima su mejor amigo, su cuidadora le había hecho un ritual al que se replegaba cuando la invadía la enfermedad, al morir la anciana se entregó a la orgía de su mente, matando a 10 personas, su firma era una flor manchada de sangre…