némesis
sábado, 1 de marzo de 2014
martes, 31 de diciembre de 2013
Felicidades
Las calles están de fiesta, se escucha el crepitar del fuego desatado de la fe, la música estremece los cuerpos y entre abrazos y buenas intenciones todos aspiran que al dia siguiente el mundo amanezca lleno de paz y armonía, el espíritu moldeado por siglos se vuelve tangible haciendo que hasta los mas escépticos bailen al son de un nacimiento y de las doce campanadas, suele recomendarse ofrecer felices fiestas, sonreír y disfrutar, si, con mis mejores intenciones para todos
miércoles, 21 de noviembre de 2012
La hallaca majadera
Aquella noche navideña, la mesa estaba puesta, en una gran bandeja las
hallacas ya calientes, apiñadas esperaban la hora de la fiesta.
A lo lejos se oían las gaitas marcando la
pauta para la cena, entre la alegría y el alboroto una hallaca majadera se abrió
paso para colocarse de primera, era esta tan perfecta que destacaba como una
gema, ¿Quién la habrá envuelto?, ¿Quién la lazó? De la abuela era el secreto,
que después de hacer el guiso, para atar una hallaca aún le quedó tiempo.
La hallaca no conforme con su nueva
posición se deslizó hasta llegar al centro del lugar, ahora ya se sentía
satisfecha, pero los demás alimentos protestaron y su regreso a la bandeja
trataron.
-Yo soy reina, soy la tradición, mi ropaje
es africano, europeo mi corazón y mi tierna masa del mejor jojoto de la nación.
El churro enfurecido le contestó:
-No te recalientes, que hallaca tiesa rompe
dientes, yo vengo de Europa, pero no hay nada mas criollo que el chocolate con
que se me moja y no por eso salto al centro del mantel para poner la torta.
Los pequeños dulces empezaron a saltar en
su plato, cayéndole encima al de leche que ya lo tenían plano, los de coco
rodaron entre los vasos, todos ellos acaramelados dejaron azúcar por todos
lados.
El pan de jamón buscando la concordia,
terminó formando parte de la discordia.
El chocolate ya cansado resopló en su
jarra salpicando al jamón planchado que del susto perdió de piña un bocado.
Cuando llegaron los comensales la mesa
hizo silencio, todos se sorprendieron al
encontrar a los dulcitos brincando como unos sapitos, se sentaron y comieron a
rebosar entre risas y canciones poco a poco con la comida lograron terminar.
Sorpresa, sorpresa, nadie toco la hallaca
pretenciosa, pues todos pensaron que era un adorno u otra cosa.
El día empezó a despuntar y un parrandero
aún despierto trinchó a la hallaca y al sentirla tierna, sin mucho miramiento en
dos bocados no dejó ni el recuerdo.
Este cuento no tiene moraleja, la
tradición la hacemos las personas, siempre en nuestra mesa está el primo
bullero, la tía entrometida, los niños juguetones o el vecino goloso, todos
juntos hacemos de la cena una gran experiencia, felicidades a todos, que
siempre tengan con quien compartir en ese día especial.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
España
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Amanecer en el aeropuerto
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Torre solitaria
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Colores fríos para un mar cálido
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El arte y el mar
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Espacios del pasado
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La niebla y el sol
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¿Va o viene el viento?
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¿Una prisión?, en realidad un horno de
piedra
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Escalera al ayer
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En el centro del corazón
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Puente a la historia
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Los santos no están en silencio
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Emblemático
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Modernismo
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domingo, 21 de octubre de 2012
Holanda, una incógnita.
lunes, 15 de octubre de 2012
Reencuentro
Había conocido a su esposo cuando estaba
buscando vivienda, él tenía una compañía de bienes raíces dedicada al turismo; el
desdén que ella mostraba conquistó al hombre, cada vez que la veía quedaba
embelesado, pensaba en ella como un cazador detrás de su presa, puso a sus pies
una trampa que la enredó en sus brazos, ya atrapada no la dejó escapar.
A pesar de que el día era lluvioso,
decidió visitar la ciudad de Pompeya; ahora, perdida en el laberinto de
piedras, ya no le parecía tan buena idea, apenas veía pasar algunas personas
que como ella estaban desorientadas y buscando refugio del agua, en una de las casas encontró unos
frescos que parecían hechos recientemente, entrar en esos espacios la
trasladaba de época, casi sentía las cenizas de sus habitantes, recorriendo las
otrora bulliciosas calles, la imagen que presenciaba era explicita en su
contenido sexual, se quedo mirándola, como si con ello tuviese la oportunidad
de ser invitada a la acción.
El caballero que llegó detrás de ella, la
miró con sorpresa, a su pesar, ver a una mujer recorriendo los labios con la
punta de su legua mientras sus ojos estaban fijos en una pintura erótica, lo
hizo sentirse en desventaja; ella se volteó, lo escudriñó con la mirada, y con
una sonrisa burlona le dio su aprobación, se acercó a él, no le hablaba pero lo
invitaba a seguirla, ella desprendía un aroma dulce, y mientras se movía, las
ondas de su cabello jugaban en sus hombros.
Llegó a uno de los extremos de la ciudad,
en él había un mirador desde el que se podía observar a lo lejos el mar, no era
llamativo entre las ruinas, pero al alcanzarlo se disfrutaba de la postal perfecta,
se desnudó ante él, no permitió que la tocara, ella se acariciaba, con sus
dedos rozaba su vientre buscando sus pechos, alcanzaba la boca los humedecía…luego
gemía; cuando terminó se vistió, dejando a un hombre acorralado en la ironía de
haber presenciado su fantasía sin poder participar de ella.
Nuevamente parte de ella se hacía
presente, casi siempre era tan fugaz que no podía controlar el momento, pero
cuando lograba contenerlo se dejaba llevar, no buscaba una aventura, le era
indistinto a quien llevaba al ruedo, lo que quería era el descontrol de sus
sentidos.
Cuando regresó a su casa estaba vibrante,
los rincones antiguos revitalizaban su imaginación onírica y durante unos días
vestía su vida con esas sensaciones.
Parte del año lo pasaba en Roma, para
ella la ciudad emulaba el túnel del tiempo, le gustaba llegar al Coliseo y
caminar tropezando con la evolución del paganismo al cristianismo hasta la
Fuente di Trevi, hacer el ritual turístico de la moneda y continuar hasta la
Plaza España, donde edificaciones protagonistas de la historia contenían las
tendencias modernas con la firma de los diseñadores famosos.
El reflejo de la vitrina le devolvió una
visión de si misma ajena, sus formas no la expresaban, solo estaban presentes,
siguió caminando y buscando su cuerpo en el vidrio, le gustaba mirarse y
entregarse a su propio culto.
Después de tomar un café, decidió romper
con la monotonía, el mundo era un espacio lleno de realidades posibles, y ella
se reencontró con la prisionera de su ego, sabía que a donde fuera siempre se
llevaría a si misma, y al correr dejaba atrás lugares, pero arrastraba consigo
su esencia, y si, lo que era estaba presente, la torturaba, solo tenía que
volver a decidir, otro mapa, pero no otra persona.
jueves, 4 de octubre de 2012
La pieza
La pieza la atrajo, la compró sin
pensarlo, el vendedor al verla tan interesada le contó que pertenecía a un
cementerio indígena y que debido a que estaba rota no había encontrado mercado
entre los coleccionistas, le garantizaba que era auténtica.
Tenía el tamaño de su mano, era una
cabeza con parte del pecho, la cara tenía expresión de terror, pero no podía
determinar si trataba de transmitirlo o si en realidad lo percibía, la boca
estaba abierta casi en un rectángulo y destacaban los cuatro colmillos en
relieve, los labios le daban dramatismo al gesto y la nariz quedaba arrugada
por la mueca, la oreja derecha tenía varias perforaciones, de la izquierda solo
quedaba una mancha en la superficie, finalmente el cráneo era anormalmente
ancho y en forma de óvalo acostado.
Se preguntaba que representaba, si era
original seguramente formaba parte del rito funerario, de no serlo, no entendía
por que disfrazarla, pues era de un logro artístico excelente y poco común.
Colocó la pieza sobre su mesa de noche,
mientras la contemplaba se quedó dormida.
Caminaba por una vía empedrada, los
colores brillantes y vistosos la cegaban, ella misma tenía su cuerpo pintado de
rojo y azul, los sonidos los percibía como la mezcla de música y lamentos,
seguía el cortejo internándose en la selva, al llegar depositaron el cuerpo aún
con vida sobre una gran losa, entre cánticos y bailes el chamán abrió el pecho
del hombre y le arrancó el corazón, de aquel cuerpo brotó una fuente de sangre
mientras el vital órgano latía fuera de él.
Cuando se despertó, se sintió horrorizada
por el sueño tan vívido que experimentó, se fue a lavar la cara y observó que
tenía rastros de pintura roja, no se había retirado el maquillaje por la noche,
seguro se le corrió por el rostro.
La empresa de informática para la que
trabajaba le ofreció la oportunidad de realizar un proyecto en Ecuador, la idea
le pareció excelente, tanto el pago como el añadido de visitar otro país, hacían
atractivo el contrato.
Una vez en el lugar, se apuntó a todo
tipo de excursiones turísticas para los fines de semana. Cada vez que visitaba
unas ruinas prehispánicas, le daba la sensación de que unas voces salidas de la
entraña de la tierra la llamaban.
Al finalizar su trabajo, decidió ir a un
emplazamiento mas lejano, para conocer la cultura Tolita, Había leído sobre
ella y vio imágenes de algunas piezas, recordó la cabeza que había comprado y
reconoció la boca y la expresión.
Se separó del grupo y se deslizó por un
sendero hacia el sitio que había soñado, mientras se adentraba en sus
recuerdos, se trasladó al pasado, estaba siendo llevada a su última morada, a
su lado colocaban varias estatuillas, entre ellas la representación de un
jaguar igual al que tenía en su casa.
De regreso, en su hogar, creía que algo
de ella había quedado atrás, el manto de la noche le presagiaba un vacío en su
futuro, recogió el periódico y cuando se dispuso a leerlo una noticia le llamó
la atención, verificó la fecha y se dio cuenta que tenía un mes de retraso, el
incidente hablaba de un muerto y un herido, el dolor le atravesó todo el
cuerpo.
Al salir de la tienda donde había
comprado la pieza, un vehículo que derrapó la atropelló, la sacudida rompió
varios de sus huesos y golpeó fuertemente su cabeza, los paramédicos le dieron
los primeros auxilios antes de trasladarla al hospital, en la ambulancia se
asía a la estatuilla, la tenía sujeta con tal fuerza que no pudieron retirársela,
sus signos vitales se iban debilitando poco a poco, se aferraba a su vida
cotidiana negando su estado real, vivía fuera de su cuerpo, no sabía si era el
principio de una nueva experiencia o el final del recorrido.
Trató de abrir los ojos y vio una habitación
nívea y demasiado iluminada, movió su cabeza a un costado y su mirada se
tropezó con la pieza dentro de una bolsa transparente, la acompañaba en su
agonía, casi en trance se dirigió a ella buscando respuestas
-¿Quién eres?
La contestación gutural emanó de la
estatuilla como una invitación:
-Deja de luchar, yo te acompañaré el resto del
viaje que ya emprendiste, soy el espíritu de tus ancestros, es hora de
descansar…
El cuerpo ponía resistencia, luchaba por
sobrevivir, en el espacio de su aquí, se abrían ventanas de existencias pasadas
con posibles futuros, todo era cuestión de tiempo, sin que el arriba o abajo
creara la diferencia, ¿Podría lograrlo? Y en todo caso, ¿Qué era lo que quería
lograr?
martes, 2 de octubre de 2012
La sangre y la flor
Las ramas golpeaban su piel dejándola en
carne viva y con aroma a miedo, de la boca de su aya salía el fuego purificador
y la pluma de gavilán con su nombre en tinta de sangre, escribía el mapa de su
vida, los salmos en lengua vetada recorrían el recinto buscando los oídos de
los dioses disfrazados de santos. A media noche una gran hoguera quemaba los
malos espíritus, mientras en una esquina desnuda e hipnotizada ella rezaba en
silencio y en la otra la mujer demudaba su rostro a medida que en las llamas
veía el pasado y el futuro de su protegida.
Cuando el ritual terminó, con apenas una
bata blanca siguió las instrucciones que le había dado la anciana.
_Irás por la vereda hasta el río, cuando
llegues entrarás en el agua y te sumergirás en su vientre, al salir renacerás,
se habrá lavado tu pecado, de ahí te dirigirás a tu casa y luego te marcharás
lejos, donde el viento deje de soplar… recuerda nunca voltear o la selva te
cobrará el precio…
Descendía lentamente y al abrir los ojos
cientos de luces deformadas se reflejaban en su cuerpo mojado, las esferas de
vidrio contenían agua, aceite y la mecha que las mantenía iluminadas, estaban
en todas partes, entre las piedras, sostenidas con una maya colgando de las
ramas de los árboles, en pequeñas balsas ancladas en el río, eran las burbujas
del tiempo, traían claridad al turbio pensamiento, todo iba quedando atrás a
medida que sus pasos avanzaban hacia su destino y como en un libro de cuentos
al cerrar la tapa quedaba en el aire la historia vivida sin saber si era cierta
o solo inventada, antes de abandonar totalmente su pasado tomó una flor del
jardín y la apresó entre las hojas de sus recuerdos.
Al cabo del tiempo y ya haciendo camino,
estaba sentada observando su lienzo, había quedado en blanco y no tenía
inspiración, salió de su pequeño apartamento y recorrió el parque cercano, le
gustaban las flores, las recogía y las llevaba a su casa, allí elegía una y con
un pincel fino lleno de pintura roja le dibujaba símbolos esotéricos en los
pétalos, mas tarde la guardaba en un libro.
Se había hecho famosa, de su interior
emanaba una fuente de emociones que imprimía en sus cuadros, saturándolos de
colores fuertes que oscurecían el día o iluminaban la noche.
Cuando contestó el teléfono ya sabía que
algo había pasado, todo el día la brisa la había seguido, y ella escapaba al
viento, solo tragedias le murmuraba en la piel… su aya había muerto.
Tan venerable como la selva, esa era la
mejor descripción de la anciana que yacía dentro de la urna, de un solo árbol
tallaron la canoa donde haría su último viaje, le agregaron una tapa de vidrio
y en vez de con un lienzo la vistieron con la fruta de su tierra, entre sus
manos secas y ajadas la pluma de gavilán aún exudaba encantamientos.
No pensó que regresaría, el tiempo había
enterrado su renacimiento y las burbujas de luz le habían abierto las puertas
de un nuevo comienzo, pero ahí estaba, se despedía de su protectora, ahora
debía seguir sola, mientras sepultaban el cuerpo cantaba los conjuros que
permitirían al espíritu trasladarse a la madre tierra y poder ser nuevamente
parido a la vida con una nueva forma.
Al regresar a la ciudad operó en ella un
cambio anímico, el asidero al que se aferraba se había desmoronado y las voces
del pasado regresaban violentamente, su pecado salía de la tumba y la
perseguía.
Días mas tarde terminó un cuadro donde
pretendió depositar sus temores para librarse de los fantasmas, en la ducha
dejaba el dolor que aún corría por las heridas de su cuerpo, y en el piso las
flores con las que formó una alfombra para arrodillarse mientras se flagelaba
quedaban manchadas con su sangre.
Sin embargo su vida continuaba y despertaba
al deseo dormido, ahora el viento era su aliado, en un frenesí de emociones
perdía el control llenándose de placer al escuchar sus instintos.
Dos años transcurrieron, los periódicos
se hacían eco de la noticia, la gente no daba crédito a lo que leía, en lo
profundo de la gran artista vivía una asesina en serie, había sido capturada
después de un largo período de investigación, su abogado exigía que la
examinara un psicólogo, ella padecía de esquizofrenia, la había desarrollado en
su adolescencia siendo su primera víctima su mejor amigo, su cuidadora le había
hecho un ritual al que se replegaba cuando la invadía la enfermedad, al morir
la anciana se entregó a la orgía de su mente, matando a 10 personas, su firma
era una flor manchada de sangre…
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