viernes, 9 de marzo de 2012

Máscara



   Abrió los ojos y la luz tenue de la calle dibujó figuras escurridizas en las paredes, Venecia en la noche era un túnel de historias por contarse, apenas dejaba asomarse la realidad tímidamente entre sus canales insinuantes  de placeres.

   Se sentía libre en su vestido carnavalesco, hacía juego con su visión del pintoresco lugar, lo que más le gustaba era la máscara blanca, con sus rasgos fríos y sin emociones, como una porcelana que habla sin palabras.

   Lo tenía todo en una mano, la vida, los sueños, el principio y el final, el aire fresco la invitaba a dejarse llevar. Lejos se sentía el murmullo de una fiesta dormida, dio el primer paso, luego el segundo y así hasta que se alejó de todo, ya no caminaba, ahora corría, su corazón palpitaba a un ritmo descontrolado, se había perdido, cuanto más se acercaba más lejos se encontraba, las sombras se le antojaban mitos, estaba tan agitada que la adrenalina le impedía parar en su odisea, el manto de la noche le daba una excusa para ser otra y escapar por un momento, siguió corriendo y cada cierta distancia tropezaba con un puente, un escampado o una plaza, estaba feliz, giró sobre si misma una y otra vez hasta perder el equilibrio, su cabeza daba vueltas como su cuerpo, se trasladaba a las nubes y volaba entre los callejones semioscuros de su mente.

_Disculpe, me permite?

_Si, claro. Esta última frase la dijo de forma autómata, había llegado a su destino, se bajó del autobús y fuera de él aún sentía el aroma pesado del cansancio y el sueño, otro día más, debía pensar que comida hacer para mañana, poner la ropa a remojar, revisar si los muchachos habían hecho la tarea, en fin, seguir viviendo.

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