domingo, 25 de marzo de 2012

El hombre de palo

     El árbol rígido tenía a su hijo a sus pies, desde su alta copa apenas podía verlo.
     El hijo cobijado con la frondosidad del padre crecía protegido de los elementos, pero un día el inclemente viento lo desprendió del suelo haciendo que su tronco flexible cayera y soltara sus raíces de la tierra, con gran esfuerzo se levantó y al darse cuenta que podía desplazarse inició su viaje por el mundo.
     Iba conociendo su entorno y comprendiéndolo, cambiándolo a veces, se acostaba en los ríos creando diques y cuando se levantaba creando inundaciones, saltaba por los riscos liberando piedras y aplanando montañas.
     Un día vio un prado donde el sol no parecía dormir y decidió quedarse en él hundiendo sus raíces profundamente, alzó sus ramas hasta llegar al cielo dejando que la brisa lo abrazase en su solitario destino.
     El tiempo pasó y el hijo fue tan grande como el padre y también como él su descendencia creció a sus pies, ahora era fuerte y era rígido, ya no se movía y desde su altura observaba al pequeño y a través de él soñaba y volvía a vivir su viaje de la infancia.

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