No tenía mucho tiempo de haber llegado, le habían avisado que la Catedral
de Santiago emitía una energía penetrante y desconcertante, estando ahí la
percibía en su piel y llegaba a su mente cambiando el ritmo de sus
pensamientos.
Se sentó lejos de la nave principal y observó su entorno, las piedras
robaban los secretos de quienes las tocaban, con su color plomizo, convertían
los espacios en oscuros laberintos, las paredes llegaban al infinito oprimiendo
la luz y dejando sombras impresas en el aire, los pasos cantaban con el coro
haciendo eco de la melancolía del tiempo, las tumbas ofrecían durmientes de
mármol con rasgos humanos, del suelo una fuente de húmedo frío envolvía la
atmósfera con aroma a incienso, alrededor las imágenes llenas de cirios en
agonía, gritaban en silencio.
Sabía que algún día iba a enfrentarse con su conciencia, pero nunca
supuso que sería tan lejos de casa y en un lugar destinado al culto.
Su trabajo la llevaba de un país a otro, cada viaje era diferente, su
hogar en cambio, siempre mantenía la misma forma, las responsabilidades y su
esposo la recibían con exigencias y en este momento sin ninguna gratificación;
Estaba aburrida de las caricias que fingían una pasión ya extinta. Un día
cualquiera conoció a alguien que despertó en ella un nuevo deseo, sin embargo
se agotó la llama antes de iniciarse el fuego, mas tarde hubo otro, y así
descubrió lo inestable de sus emociones, cuando comenzaba una aventura cada
mañana despertaba deseando vivir el encuentro, hasta que la rutina la
hacía desear no haber participado del
mismo.
Hoy ahí sentada quería iniciar un camino distinto, necesitaba llenar sus
vacíos. Se pensó a si misma vestida y arreglada con toda la plasticidad social,
cada prenda hablaba de su sensualidad y elegancia, pero debajo escondía la ropa
que contaba lo que realmente obtenía. Tocó su pierna para sentir la suavidad de
la seda en sus dedos, las medias estaban sujetas por las cintas rosadas del corsé,
sus generosos pechos estaban envueltos de encaje marfil y su cintura se ceñía
con sugerente satín; Se veía semi desnuda con la piel expuesta a la
desaprobación de los santos, su mano subió hasta su entrepierna y con el bolso
tapó el movimiento que violentaba la moral del lugar, se sustrajo en su deseo y
con una rítmica respiración se dejó abandonar por la lujuria.
De repente alguien toco su hombro, al voltear se encontró con un hombre
que la miraba curioso y preocupado.
_
¿Disculpe, se siente usted bien?
Sus ojos vidriados se cerraron y al abrirlos unas delicadas lágrimas
escaparon por las mejillas, sin mediar palabra solo se levantó y se encaminó a
la puerta, no podía creer lo que había hecho.
En
la calle el hombre de la Catedral se le acercó.
_
¿Puedo ofrecerle mi ayuda?
Lo miró nuevamente, aunque no llevaba el hábito completo, su cuello lo
delataba.
_Solo necesitaba aire fresco.
_Conozco un buen lugar cerca, la invito a tomar algo caliente.
Sin ni siquiera pensarlo siguió al hombre.
Dentro del recinto pidieron sus bebidas e iniciaron la consabida charla
del tiempo.
_...Sí,
esta época es lluviosa, la primavera trae calidez y viste de flores la ciudad,
pero dígame, ¿Usted no es de aquí, verdad?, ¿Está de visita?
_Si, trabajo en un museo y me encargo de
negociar las posibles exposiciones de nuestros artistas en otros países, acabo
de llegar a un acuerdo para el verano… Es obvio cual es su trabajo, pero me
parece que es muy atractivo y realmente no me es fácil separar al hombre de su
misión.
Esto último lo dijo de forma espontánea, y la repuesta se representó en
una sonora carcajada.
Tomando discretamente el monedero de su bolso, se levantó y se acercó al
baño, sabía que muchos establecimientos tenían máquinas dispensadoras que
ofrecían desde un preservativo hasta una toalla sanitaria, obtuvo lo que
buscaba y cuando regresó a la mesa, había desaparecido el hombre con su bolso,
corrió a la calle, pero estaba solitaria, una llovizna humedeció su rostro, las
gotas que caían sobre su piel morena se evaporaban con la mezcla del absurdo y
la resignación, irradiando un calor teñido de placer y vergüenza, mañana
iniciaría el cambio, hoy ya era tarde…

Realmente debía estar tan turbada para aceptar la invitación de un extraño?
ResponderEliminarMe parece muy buena la descripción inicial del lugar.
nunca hubo tal, solo un apoyo mal interpretado, lo mejor de estar en el aire, es que todo es posible, uno es quien lo decide
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